miércoles, 2 de julio de 2014

Oxford, Stratford Upon-Avon y Coventri


Salir de Londres fue una probadita de la rutina inglesa de la zona urbana, un tráfico que nos llevó a vuelta de rueda hasta Oxford. Realmente no me importó, la noche anterior sufrí de insomnio, por más que rogué no pude descansar ni pegar el ojo. Por tanto, me escondí detrás de las gafas negras y disimulé un falso interés por el bello campo inglés, a ratos con unos incontenibles cabeceos. 

Oxford es un lugar con magia, desde que   nos recibió con esas casas hechas de piedra y madera me transporté a un escenario de brujas, dragones, cazadores, bellas doncellas rubias y pelirrojas. Qué lugar más bello. En el centro observé los edificios universitarios,  uno con columnas que me remitieron en pensamientos a la griegos, otros conservando a la roca con que los edificaron y con inscripciones en latín, me maravillaron. 


Partimos rumbo a Stratford Upon-Avon y Liz, la guía no dejaba de mencionar que visitaríamos un lovely place, esa descripción fue rebasada por la realidad, lugar más encantador, centellaba una magia, hasta pude escuchar los murmullos de Shakespeare y su amada Anna. La gente que paseaba por sus calles lo hacía en medio de un halo de romántico anhelo, incluyéndome.


Esperaba de Coventry fuera igual que los dos anteriores pueblos, me sorprendió una ciudad moderna, pienso que mi idea inicial se debió al recuerdo de una exasperada Dorothy en mi novela The secret keeper de Kate Morton. La parada  fue en la Universidad de Coventry, para ver una iglesia un tanto en ruinas provocadas por bombardeos en la Segunda Guerra Mundial,  la bienvenida la da una escultura suspendida a la mitad de un edificio moderno donde el demonio yace bajo la espada de un ángel, resultó perturbador para mí. 



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